ACTIVIDADES DELEGACIÓN DE LEÓN-DAMA DE ARINTERO 2018

LA DAMA DE ARINTERO

Ocurrió en el siglo XV, en los tiempos en los que, tras la muerte de Enrique IV, el Reino de Castilla se quedó sin heredero. Las Cortes habían jurado como reyes a la Princesa Isabel, hermana del difunto rey, y a su esposo, el príncipe Fernando, heredero del trono de Aragón.
Se tramó una sublevación, alzando pendones por la infanta doña Juana ” La Beltraneja”, a la cabeza de la cual estaba don Alfonso, rey de Portugal, deseoso de agrandar su reino con la unión de Castilla. Para atajarla, cientos de caballeros y miles de peones acudieron en apoyo de los Reyes Católicos. Según el decreto real de los monarcas, cada familia debía de aportar voluntariamente a uno de sus miembros para la contienda
En Arintero, pequeño pueblo de la montaña leonesa, sus vecinos habían apoyado a los Reyes Católicos y varias personas se unieron a la causa.
Sin embargo, al Señor del lugar, el noble conde García de Arintero, hombre de gran honor y lealtad al trono, las noticias le causaron gran congojo. Él, que había peleado en cien combates en las lejanas fronteras del reino de Granada, era ya mayor y no podía acudir a la batalla con sus reyes. De su matrimonio con doña Leonor sólo habían nacido siete mujeres y no tenía hijos varones que pudiesen sostener el honor del linaje y el derecho de sus monarcas. Por primera vez en siglos, ningún señor de Arintero acudiría al llamamiento de la Corte.
La callada angustia del padre conmovía profundamente a una de sus hijas, Juana, la mediana, que concibió la audaz idea de ir ella a la guerra en defensa del honor y el nombre del linaje. El padre se negaba: “Una mujer en la guerra, imposible”. Pero a cada objeción de él, ella respondía firmemente y le desbarataba los argumentos.
Tras varios días, el conde García acabó cediendo y dió el consentimiento a su hija.
Juana, la Dama de Arintero, aprendió a dominar el fiero corcel de guerra, a manejar la espada y la lanza. Se habituó al peso de la armadura y a las fatigas del oficio de la guerra.
Tras el duro aprendizaje, del débil cuerpo de la dama surgió el noble y hábil Caballero Oliveros, nombre de guerra de la Dama de Arintero, quien se encaminó, desde su solar paterno, a unirse a las huestes reales. Parecía un perfecto guerrero y nadie sospechó del Caballero Oliveros que se ganó la fama de valiente y esforzado y el respeto y la admiración de todos por su coraje y entrega en el combate.
Combatió en distintas batallas y llegó incluso a ocupar un cargo en la escala de mando.
Durante la batalla de Toro, cuando se enfrentaba contra un caballero, en un lance de la lucha se le rompió el jubón, quedando al descubierto uno de sus pechos. Los guerreros gritaron, “MUJER HAY EN LA GUERRA”.
El rumor se extendió y llegó a oídos del Almirante de Castilla, a quien tuvo que desvelar su verdadero nombre y las causas de su presencia en el ejército.
Enterado el rey Fernando el Católico, y admirado por el valor de la dama, no sólo la perdonó, sino que concedió a Arintero y sus vecinos numerosos privilegios.
Aunque para Isabel aquello era un acto de herejía y debía de ser castigado, como así había sido enseñada bajo las leyes católicas Con las prebendas y privilegios otorgados por Fernando, y la negativa rotunda de Isabel, Juana regresaba a casa, pero antes hizo una parada en “La Candana”, donde se hospedó, a una noche de su pueblo en la casa de uno de sus parientes.
En la Candana, unos malhechores de dudosa procedencia, que se habían enterado de algún modo de los regalos otorgados por el monarca Fernando, quisieron arrebatarle lo que tenía. Juana luchó contra ellos, escondiendo previamente los derechos concedidos para que su tío y su primo se los entregasen al pueblo de Arintero No se sabe a ciencia cierta si Juana escapó, pero ahí acaba su historia. La mayoría de los que cuentan su relato dicen que murió de forma valerosa, y otros en cambio dicen que logró escapar y casarse con un noble asturiano. Hay quien, incluso, se atreve a afirmar que detrás de su muerte estuvo una celosa Isabel, que quería cumplir de algún modo sus propias exigencias.
Lo que sí es cierto es que su gesta la convirtió en leyenda. Una leyenda que narra como Juana efectivamente vivió su excepcional aventura de convertirse en un hombre para honrar a su padre con un enorme espíritu de superación y ejemplo de valor y virtudes militares.
En su escudo se puede leer la siguiente inscripción:

“SI QUERÉIS SABER QUIÉN ES
ESTE VALIENTE GUERRERO,
QUITAD LAS ARMAS Y VERÉIS
SER LA DAMA DE ARINTERO.
CONOCED LOS DE ARINTERO
VUESTRA DAMA TAN HERMOSA,
PUES QUE COMO CABALLERO
FUE CON SU REY VALEROSA”.

 

Hoy día 4 de julio por la mañana, tuvo lugar un acto castrense en la Academia Básica del Aire en el que se entregaron los despachos de Sargentos Alumnos a los componentes de la promoción que supero el 2º curso de estudios, se impusieron condecoraciones militares y se dieron regalos de los agregados militares de países amigos a alumnos destacados en diferentes facetas.
Al final se entregó, por tercer año, el Premio “DAMA DE ARINTERO” a la Sargento Alumno Dña. MARIA ISABEL CASTILLO LOZANO por el Coronel Presidente de la Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil de León D. Zacarías González Rodríguez, cumpliendo el acuerdo que se señala a continuación:
“La Asamblea de la Real Hermandad de Veteranos de Las Fuerzas Armadas y de La Guardia Civil de León en su reunión anual de 13 de Abril de 2016 tomó por unanimidad el siguiente acuerdo:
En homenaje a la DAMA DE ARINTERO, personaje leonés, de grandísimo espíritu de superación y ejemplo de valores militares, tiene el honor de crear el Premio “Dama de Arintero” con el que reconocer anualmente al Sargento Alumno que haya destacado por su afán de superación y espíritu militar, siendo ejemplo y referencia para el resto de alumnos; cualidades y valores todos ellos que pueden haberse visto reflejados en la opinión que del Sargento tengan cuadros de mando del Escuadrón de Alumnos de la Academia Básica del Aire y el prestigio al que se haya hecho acreedor ante sus compañeros y superiores.”
Se adjunta un resumen de la gesta del citado personaje y el diploma entregado en el acto.

 

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