Esta célebre frase del médico inglés Thomas Sydehan del siglo XVII,
sigue siendo una realidad en nuestra sociedad actual desarrollada.
Progresivamente ha ido aumentando la esperanza de vida. El Instituto de Salud Norteamericano, estima una esperanza de vida para el 2050 de 95 años. Pero según vamos cumpliendo años las enfermedades cardiovasculares van prevaleciendo más. Por ello es deseable que el aumento de expectativa de vida vaya ligado a una calidad de vida adecuada.

Mi objetivo es tratar de ir explicando de la forma lo más sencilla y
comprensible posible, que produce el “envejecimiento” de nuestras
arterias, y que medidas debemos adoptar para tratar de mantenerlas en buen estado.

 

La enfermedad que afecta a las arterias se denomina  “arteriosclerosis”, se caracteriza por endurecimiento, aumento de grosor y pérdida de elasticidad de las paredes arteriales. Esto es producido por formación de placas de ateroma en el interior de las capas que forman la pared arterial, disminuyendo la luz de los vasos sanguíneos y produciendo obstrucciones al flujo sanguíneo de mayor o menor intensidad.
En la primera imagen se muestran las tres capas que forman las
arterias, en la que se aprecia tras fallo endotelial el desarrollo de la placa ateromatosa. También se señalan una serie de estímulos y sustancias químicas que pueden comprimir y dilatar los vasos sanguíneos.
Esta placa puede ir creciendo y reduciendo el flujo sanguíneo a los
distintos órganos y tejidos de nuestro organismo, con lo cual al disminuir el aporte de oxigeno y nutrientes va originando un mal funcionamiento de los mismos y pudiendo originar una serie de síntomas que varían según sea el órgano afectado; corazón, cerebro, intestino hígado, músculos …

Si en un momento determinado se produce una fractura de la placa
ateromatosa, produce un trombo fresco que conlleva el cierre brusco de la luz arterial, produciendo una interrupción brusca de flujo que necrosa el órgano afectado, Corazón infarto de miocardio, infarto cerebral o ictus, intestino necrosis mesentérica… En otras ocasiones el desprendimiento de una porción de la placa ateromatosa produce un embolo que se enclava en una arteria más estrecha y necrosa de la misma forma el territorio que irriga.

¿Por qué se producen las lesiones en las arterias?
La alteración inicial se produce en el endotelio, la capa interna de la
pared de los vasos en íntimo contacto con el torrente sanguíneo. Las
células que forman el endotelio, bien por factores genéticos y/o factores metabólicos que lleva la sangre, alteran su normal funcionamiento y esta alteración permite el depósito de substancias en las capas del interior de la arteria que van creciendo hacia la luz del vaso, produciendo obstrucciones y eventualmente oclusión total.
Los elementos que alteran el normal funcionamiento del endotelio
ocasionando las lesiones los conocemos como “Factores de riesgo
cardiovascular”
Estos factores son de dos tipos:
-No modificables
-Modificables.
A) Los factores de riesgo “no modificables”, son dos, la edad y herencia genética.
EDAD, si bien, cada vez es más frecuente observar complicaciones de la arteriosclerosis en personas jóvenes, la mayor incidencia es a los 65 años en las mujeres y los hombres a partir de los 50-55
HERENCIA GENETICA Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.

No cabe duda que en estos casos extremar el cuidado de los factores
modificables, que voy a enumerar, es fundamental.

B) Factores “modificables” estos son derivados de un modo de
vida, de unos hábitos tóxicos y una alimentación perjudicial para nuestro organismo influyendo negativamente en nuestro torrente circulatorio contribuyendo al deterioro de nuestras arterias.

Tabaquismo: además de otros efectos perjudiciales para la
salud (boca, laringe, pulmón… ), el tabaco influye de forma muy nociva sobre la circulación arterial produciendo disminución de oxigenación de la sangre circulante, estimula la vasoconstricción, altera algunos mecanismos de coagulación y afectando de forma importante las células del endotelio vascular en intimo contacto con la sangre contribuyendo al inicio de la placa ateromatosa. Hay estadísticas que correlacionan la dosis de tabaco y la mortalidad, estimando que el consumo de 10 cigarrillos al día –supone un incremento de mortalidad por enfermedad coronaria de
un 10% en varones y un 35% en mujeres.

Hipertensión arterial: la elevación persistente de las cifras
de presión arterial, constituyen factor mas de daño de la pared arterial.
Deben vigilarse periódicamente las cifras tensionales sobre todo si hay antecedentes familiares. Hay que tener en cuenta que en la mayoría de los casos no es secundaria a ningún otro proceso patológico es la llamada “hipertensión esencial”,; por otra parte en la gran mayoría de los casos no da síntomas, “el mal silencioso”, en ocasiones aparecen síntomas cuando la controlamos con fármacos, pues el organismos se ha adaptado a esa situación de presión arterial elevada.

Sedentarismo: Las personas que no efectúan habitualmente
ejercicio físico tienen mayor posibilidad de presentar problemas
cardiovasculares. El ejercicio físico ha demostrado ser beneficioso para prevenir estos eventos, ayuda a: controlar el peso, disminuir niveles de colesterol y glucosa y mejora las cifras de presión arterial.
Enfermedades de la sangre: Algunas alteraciones de la sangre
pueden favorecer la aparición de procesos trombóticos en el interior de los vasos sanguíneos. Entre estos se encuentran: alteración de los
factores de coagulación, poliglobulia (aumento de glóbulos rojos),
aumento de plaquetas. Muchos de estas alteraciones pueden ser
hereditarias por ello el diagnostico precoz de las mismas ayuda
notablemente en la prevención.

Tensión nerviosa “stress”: en la sociedad moderna es muy
frecuente en la vida diaria y laboral compleja y competitiva, la tensión nerviosa elevada. Esta tensión nerviosa produce liberación de hormonas adrenales con enorme influencia sobre el sistema cardiocirculatorio.
Estas hormonas adrenales que produce el “stress” aumentan la
frecuencia cardiaca, vasoconstricción arterial y elevación de la presión arterial, con los consiguientes efectos nocivos sobre las arterias.

Obesidad: el peso elevado no es, en teoría, por sí solo, un factor
determinante de la progresión de la arteriosclerosis, pero sus
consecuencias: aumento de tejido adiposo (graso) en el organismo
pueden alterar la función de distintos órganos, alterar el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas. Además el sobrepeso induce al sedentarismo.

Diabetes: Afecta principalmente a las arterias de pequeño calibre
ocasionando lesiones vasculares multiorgánicas, principalmente en
retina, riñón, sector distal de extremidades, manos, pies….
Es importante, y más a las personas con antecedentes familiares de
diabetes, vigilarse y hacer controles de las cifras de glucosa en sangre, sobre todo a partir de los 50 años.

Dieta: Vigilancia y control de los hidratos de carbono (glucosa),
grasas (colesterol y triglicéridos), acido úrico y la ingesta de sal.
a) Control de glucosa, fundamental, como ya he mencionado al citar la diabetes, pues aparte del efecto directo sobre el pequeño vaso, sumada a restantes factores, potencia el desarrollo de la placa ateromatosa.
b) Respecto al colesterol, sabemos que es una molécula grasa que
circula en la sangre unido a una proteína. Hay dos tipos de colesterol, el unido a proteínas de alta densidad (HDL) y el unido a proteínas de baja densidad (LDL). El colesterol HDL elevado tiene efecto beneficioso, pues actúa recogiendo el Colesterol LDL y lo trasporta al hígado para ser eliminado. EL LDL debe estar lo más bajo posible, pues es el que por oxidación interviene en el desarrollo y progresión de la placa ateromatosa.
La importancia del colesterol elevado y desarrollo de enfermedad
arteriosclerótica se sabe desde 1930 pues se demostró con estudios
epidemiológicos está relación. Aumentando el riesgo de padecer la
enfermedad a partir de cifras de 180 mgr/dl, y según aumentaban estas cifras, aumentaba el riesgo.
El origen del colesterol elevado, salvo en un pequeño porcentaje de casos, en que es de origen genético (dislipemia familiar) la procedencia es exógena, es decir está en nuestra dieta.
c) Triglicéridos, otra molécula grasa que circula en nuestra sangre, no es directamente aterogénica pero actúa inhibiendo los factores los
factores de relajación endotelial contribuyendo al desarrollo de la placa ateromatosa. Cifras mayores de 200mgr/dl comienzan a ser
preocupantes. Lo mismo que el colesterol puede ser genética (hipertrigliceridemia familiar) o en la mayoría de las veces inducida por la dieta.
d) Acido úrico, la elevación aislada de las cifras de ácido úrico en
sangre, no representan por si solo un factor de riesgo, pero suele
observarse asociado a otras alteraciones metabólicas asociadas a la dieta.
e) La sal. El sodio es un elemento fundamental en nuestro metabolismo, pero los alimentos que consumimos habitualmente llevan una cantidad de este elemento más que suficiente para nuestras necesidades. Añadir sal en el cocinado y en la mesa, supone un incremento salino innecesario, perjudicial para el organismo pues entre otros problemas favorece la aparición de hipertensión arterial.

Hasta aquí he realizado una exposición de los distintos factores que
intervienen en el desarrollo de la arteriosclerosis. Este desarrollo puede ser más o menos precoz, por ello dependiendo del momento de su aparición, desvirtúa la edad cronológica ocasionando un deterioro orgánico que envejece el organismo más o menos tempranas de la vida.

Juan Rey Naya GB Médico

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