Navantia cierra el casco del submarino S-81 Isaac Peral

La fecha prevista para la puesta a flote es octubre de 2020.

El Astillero de Navantia en Cartagena ha acogido esta mañana el acto conmemorativo del cierre del casco resistente del submarino S-81 «Isaac Peral», tras la finalización de la unión de la última sección del buque. La fecha prevista para la puesta a flote es octubre de 2020.
Tal y como informa Navantia, el acto comenzó con un breve recorrido por la nave de armamento de submarinos, durante el cual se mostró el avance de la construcción tanto del submarino S-81 como del S-82, situados en las gradas número 1 y 2 de la nave de armamento de submarinos, respectivamente.
«El cierre del casco resistente es un hito fundamental en la construcción de un submarino puesto que éste queda constituido como buque completo. Previamente, se ha llevado a cabo el embarque de todos los módulos principales y un nivel de terminación de las secciones muy elevado. El siguiente paso es la finalización de los trabajos de armamento y el comienzo de la etapa de pruebas», informan desde Navantia.

Fase de construcción
Este hito supone un cambio de fase en la obra. Los trabajos en el submarino se enfocan ahora hacia su puesta a flote, para lo cual se sigue un proceso formal y reglado basado en la superación de hitos de seguridad. Este proceso comienza con el hito de puesta en tensión, en el que el submarino empieza a recibir corriente en sus cuadros principales; continúa con el hito de embarque de baterías, en el que se gana la capacidad de ser autónomo en la generación de energía, y culmina con el propio hito de puesta a flote, en el que el submarino se desplaza al muelle de armamento para el comienzo de las pruebas de
puerto.

Hay que recordar que este proyecto tenía un techo de gasto inicial de 2.135 millones de euros, que finalmente se elevó en otros 1.706 millones (27 de julio de 2018), situándose el total en 3.841 millones.

Estos nuevos sumergibles con nombre Isaac Peral (S-81), Narciso Monturiol (S-82), Cosme García (S-83) y Mateo García de los Reyes (S-84) deberán relevar a los actuales Galerna (S-71), Mistral (S-73) y Tramontana (S-74), que alcanzarán así los 40 años de servicio al final de su vida útil después de las obras de revisión a las que van a ser sometidos en los próximos años. El Siroco (S-72) fue dado de baja en 2012.
Según la información facilitada por Navantia, las principales características del submarino son:
• Eslora 80,81 m
• Manga 11,68 m
• Puntal Total 13,69 m
• Diámetro 7,30 m
• Desplazamiento en superficie/inmersión 2.695 / 2.965 t
• Acomodación 32 dotación + 8 fuerzas especiales
• Submarino convencional de alta autonomía dotado de propulsión anaerobia
• Firma acústica extremadamente baja
• Maniobrabilidad excelente a baja velocidad
• Sistemas con alta automatización
• Sistema de combate de última generación

• Sistema propulsión independiente del aire (AIP)
• Diseño integrado de alta complejidad

En el acto estuvieron presentes el subdirector General de Programas de la DGAM, general Salvador Álvarez Pascual; el almirante Jefe del Arsenal de Cartagena, vicealmirante Aniceto Rosique Nieto; el almirante Director de Ingeniería y Construcciones de la Armada, vicealmirante Manuel Martínez Ruiz; el almirante de la División Logística del Estado Mayor de la Armada Española, Gonzalo Sanz Alisedo; el jefe Área Sistemas Navales de la DGAM, Nicolás Lapique Martín, y el Jefe de Programa S80, Javier del Corral.

Navantia ha anunciado hoy que ha completado el cierre del casco resistente del primero de los cuatro submarinos de la clase S-80 de la Armada española, el S-81 “Isaac Peral”. De esta forma, tal y como informa la compañía en un comunicado, tras la finalización de la unión de la última sección, el submarino “queda constituido como buque completo”.

El acto ha tenido lugar en el astillero de Cartagena y en el mismo han estado presentes, entre otros, el Subdirector General de Programas de la Dirección General de Armamento y Material (DGAM), General Salvador Álvarez Pascual, y el Jefe del Arsenal de Cartagena, Vicealmirante Aniceto Rosique Nieto.
Para Navantia, este avance supone “un hito fundamental en la construcción de un submarino” y, “un cambio de fase en la obra”. A partir de ahora, los trabajos en el S-81 se enfocan hacia su puesta a flote, prevista para octubre de 2020, “para lo cual se sigue un proceso formal y reglado basado en la superación de hitos de seguridad”. De esta forma, los siguientes pasos incluyen la finalización de los trabajos de armamento, la puesta en tensión para que comience a recibir corriente en sus cuadros principales y el embarque de baterías, ganando con ello “la capacidad de ser autónomo en la generación de energía”, explica Navantia. Todo culminará con la puesta a flote, para lo que se trasladará el S-81 al muelle de armamento para arrancar con las pruebas de puerto.
Las previsión, tanto del Ministerio de Defensa como de la compañía, es que la puesta a flote tenga lugar en algo menos de un año y que este submarino se entregue a la Armada en septiembre de 2022. El segundo de ellos, el S-82 (“Narciso de Monturiol”) será entregado en mayo de 2024. Los dos últimos, el S-83 (“Cosme García”) y el S-84 (“Mateo García de los Reyes”) llegarán a la Armada en marzo de 2026 y julio de 2027, respectivamente. En la actualidad, el S-82 se encuentra en la grada número 2 de la nave de armamento de submarinos del arsenal y los responsables de la Dirección de Armamento pudieron comprobar en primera persona cómo avanza su construcción.
El programa del S-80, que se inició en 2005, ha ido arrastrando problemas y contratiempos a lo largo de los años, destacando el aumento de su longitud de 10 metros por un problema de sobrepeso. En la actualidad, el coste del mismo ha pasado de los 2.135 millones iniciales a 3.900, después de que en verano de 2018 el Gobierno aumentase el techo de gasto inicial en 1.771 millones.
La última polémica que rodeó a este moderno buque fue por las dimensiones de las fosas de atraque en Cartagena, que medían 78 metros de largo frente a los 80,8 de los S-80. La necesidad de ampliar los muelles, según explicó en su día la Armada, ya estaba prevista desde antes de que se aumentase la eslora y se presupuestó en 263.500 euros. Eso sí, dejaban claro que no se trataba de una obra estrictamente necesaria, pues dichos muelles han albergado submarinos de más de 90 metros.

Tecnología de última generación
Los submarinos de la clase S-80 son de los más avanzados del mundo y cuentan con la última
tecnología. Estas son algunas de sus características:
Monocasco construido con acero de alto grado de elasticidad
Eslora: 80,81 metros
Manga: 11,68 metros
Acomodación: Hasta 40 personas
Además de la propulsión convencional, incorporará un Sistema de Propulsión Independiente de
la Atmósfera (AIP).
Autonomía: Capacidad de pasar más de 2 semanas en inmersión.
Sistema de Combate Integrado de última generación
Torpedos filo guiados
Misiles anti buque y de ataque a tierra
Firma acústica extremadamente baja

La vida en “el tubo”

A bordo del submarino Mistral (Aguas del Atlántico), 18 dic (EFE).- La alerta suena dos veces. Manos atentas accionan machos, ruedas y timones. El oficial de guardia baja de la vela tras asegurar el cierre de la escotilla y el submarino comienza la inmersión. “Todo cerrado, todo arriado. Abiertas ventilaciones. Rumbo: tres, uno, cuatro”, informa el suboficial que coordina la maniobra.
El submarino se sitúa inicialmente a 23 metros bajo la superficie, pero el descenso es imperceptible, salvo por el indicador de profundidad. Después llegará a cota 100, aunque el barco está construido para aguantar con seguridad hasta los 400 metros de profundidad.
La vida del submarinista es intensa y dura. Navega durante períodos de hasta un mes sin ver la luz natural, aislado del mundo y casi siempre en un medio peligroso, bajo la superficie, a la vez que prepara y realiza misiones de inteligencia, operaciones especiales o ataque.
“Esto es una forma de vida. No todos lo pueden aguantar”, resume Ignacio López, segundo comandante del “Mistral”, uno de los tres submarinos en activo de la Armada española, y en el que Efe navegó durante unos días con motivo de las recientes maniobras navales de la OTAN “Dynamic Mariner 19”, en aguas del Golfo de Cádiz.
La vida en “el tubo” nunca se detiene y constituye un pequeño universo ajeno al resto del mundo.
La tripulación, toda voluntaria, vive centrada en sus tareas y en pasar lo mejor que puede los ratos libres.

AISLADOS DEL MUNDO
Lo más duro, coinciden todos, es el aislamiento del mundo exterior y, sobre todo, de las familias. Al contrario que en los buques de superficie, no hay internet, no hay noticias, no hay teléfono. Pueden llegar a perder la noción del tiempo.
Navegan en torno a 120 días al año, la mayoría sumergidos, con misiones de hasta casi un mes sin apenas ver el sol. El único contacto con el exterior -cuando las operaciones lo permiten-, es una comunicación diaria conjunta de correos electrónicos de los mensajes individuales, que luego se distribuyen. No existe la intimidad. La incertidumbre o las novedades sobre enfermedades, problemas familiares, incluso fallecimientos, son lo que más puede afectar a un tripulante.
“El factor psicológico es muy importante”, recalca el capitán enfermero Ismael Berrocal. Por eso, para ser submarinista hay que pasar un severo examen psicológico previo.
Como ejemplo del aislamiento, un veterano recuerda que en mayo de 2018 salieron de navegación con un Gobierno conservador en España y para cuando retornaron en junio había un Ejecutivo socialista.

Hay turnos de guardia en la cámara central, la sala de mando y el control de máquinas las 24 horas del día. En momentos en superficie, también en el exterior, en la vela, aunque el buque navega sumergido siempre que puede para asegurar su principal cualidad: permanecer oculto.

LA GRAN FAMILIA SUBMARINA
La vida normal en el submarino comienza a las 7.00, con el primer turno de desayuno. Para entonces, el cabo primero Pablo Grandal, jefe de cocina, y sus tres asistentes llevan ya despiertos un buen rato preparando el primer refrigerio.
La cocina casera de Grandal es muy apreciada y clave para mantener el buen ánimo. Este marino gallego dice que simplemente le pone cariño, ingredientes naturales y muchas frutas y verduras frescas para compensar la falta de luz natural.
Hoy es el cumpleaños de Francisco Barrios, oficial jefe de electricidad, y el desayuno viene acompañado de un bizcocho horneado por su esposa y embarcado antes de zarpar. Esta semana hay al menos el cumpleaños de otro oficial y el del hijo pequeño de una suboficial. Todos lo vivirán bajo el agua.
El ambiente es muy familiar. Los submarinistas no solo son compañeros muy próximos, sino que también conocen a sus familias respectivas, muchas veces sus problemas y vivencias. La disciplina militar es más relajada para compensar la estrechez de espacio.
Sólo el comandante tiene un camarote propio, además muy diminuto. Los demás duermen en literas, muy pegadas entre sí. En el dormitorio de oficiales, la litera más incómoda es conocida como “el sarcófago”. Una rápida ojeada basta para saber por qué.
“No todo el mundo puede ser submarinista”, insiste el comandante, el capitán de corbeta Jorge Garrido. La fortaleza mental y la preparación técnica son vitales para responder a situaciones de emergencia bajo el agua.
La familiaridad viene también marcada por la inevitable cercanía física. Más de 60 personas en un espacio de apenas 100 metros cuadrados requieren respeto y aprecio. “Permiso” es la palabra más repetida a bordo, para pedir paso por pasillos o lugares estrechos.
Solo hoy dos retretes y una ducha, que se usa cada tres días para ahorrar agua, salvo el personal de cocina, que la disfruta a diario.

AGUA ENEMIGA
Cuando el buque va en inmersión -siempre que puede- la atmósfera se carga a pesar del uso de sosa cáustica para bajar los niveles de CO2. Salvo cuando se hace una carga de baterías con los motores diésel, lo que requiere la entrada de aire del exterior, sea en superficie o en inmersión a baja profundidad con el esnórquel.

Durante la inmersión, en la cámara de mando, el centro neurálgico del barco, el comandante está atento al periscopio mientras recibe información de un equipo de oficiales y especialistas que atienden y coordinan sónar e hidrófonos, mesa trazadora, seguridad de sistemas, timones…
Al bajar o cambiar de cota, se comprueba minuciosamente la estanqueidad: La entrada de agua es el peor enemigo del submarino en inmersión.
Mientras, dos tripulantes escuchan atentos a los hidrófonos y el sónar para determinar cuántos buques de superficie o submarinos hay alrededor: posición, velocidad y rumbo, y así evitar colisiones. “Todo lo que hacemos es real, aquí no hay segundas oportunidades”, explica Barrios.
También es frecuente escuchar el estridente chillido de delfines e incluso el profundo de ballenas, explica el suboficial sonarista Mario Gil.

¡HUMO EN LA CÁMARA DE MANDO!
La cena en la cámara de oficiales está a punto de terminar cuando se escucha una voz de alerta: “¡Humo en la cámara de mando!”. La voz se repite por megafonía instantes después.
El comandante y el personal técnico salen rápidamente hacia la central. Barrios llega gritando “¡todos a popa!”, y todo el personal no esencial acude a la zona de seguridad de popa, junto a los motores. Se cierra el mamparo de seguridad; estamos aislados del resto del barco.
El calor es tremendo. Huele a diésel y a aceite lubricante. Rostros de tensión. Orden de numerarse:
“31 personas” se comunica por el micro. No hay humo en popa y no hace falta colocarse las máscaras conectadas a las tomas de aire.
Finalmente, solo es un problema eléctrico menor. Los equipos de intervención no han tenido que recurrir al material de emergencia.
El veterano “Mistral”, con casi 35 años y decenas de miles de millas marinas a cuestas, va mostrando achaques pero aguanta el rigor del servicio. “Es un viejo guerrero”, explica el segundo comandante con una sonrisa. El incidente ayuda a mantener alto el nivel de atención de toda la tripulación.

SEGURIDAD EN UN MEDIO HOSTIL
Los accidentes con submarinos no son frecuentes pero cuando ocurren pueden ser muy trágicos, como el más reciente del “ARA San Juan” argentino (2017) o el “Kursk” ruso (2000), en los que hubo 44 y 112 fallecidos, respectivamente.
Un caso muy poco conocido en España fue el del C-4, un submarino que se perdió en 1946 durante unas maniobras cerca de Mallorca. El barco emergió de forma inesperada justo frente a la proa de un destructor, que lo abordó y casi lo partió en dos, por lo que se fue al fondo con sus 44 tripulantes.

El jefe de máquinas del C-4 era el abuelo del comandante Garrido.
El segundo comandante confiesa que ha tenido engañada a su madre durante siete años, ya que cuando le dijo por primera vez que quería pasar a submarinos ella se echó a llorar. Hace poco que se ha atrevido a contarle la verdad y enseñarle el lugar en el que trabaja orgulloso. “Ha sido una pequeña mentira de siete años”, recuerda sonriendo.
A pesar de los riesgos y de la alta exigencia del puesto, el comandante Garrido “no cambiaría por nada del mundo” el mando de un submarino.

“MELANCOLÍA PURA”
El año próximo está prevista la botadura el primer submarino de la nueva clase S-80, que dispondrá de una tecnología de propulsión de última generación.
Algunos de los tripulantes del Mistral ya saben que formarán parte de la primera dotación del nuevo sumergible, como el sonarista Gil, y no ocultan su emoción.
Mientras, entre las distintas guardias, pasan el rato charlando, leyendo, viendo películas o con juegos de mesa. Son muy comunes las bromas. Poder reír es el mejor antídoto contra el peor enemigo, que es la “melancolía pura”, apunta un oficial. “El día que no te ríes es que algo falla”, recalca Barrios.
Vigilar esa melancolía y tratar problemas físicos es la tarea del capitán enfermero Berrocal, que se ocupa sobre todo de catarros y otitis (los cambios de presión pueden ser muy duros en el sistema auditivo), aunque también de infecciones respiratorias y algún traumatismo.
En casos más graves, muy poco frecuentes, se puede organizar una evacuación por helicóptero.
Antes de cada navegación se realiza un chequeo exhaustivo previo de dentadura y oídos.

UN INTRUSO
En las maniobras de esta travesía participan 32 buques de superficie y dos submarinos de diez países de la OTAN, acompañados de 18 aviones y helicópteros de patrulla marítima.
En varios de los ejercicios, el “Mistral” logra burlar la vigilancia y realizar disparos ficticios de torpedos contra los objetivos principales y secundarios. Los disparos se marcan con diversos medios, como con el lanzamiento de una bengala verde en la noche.
Cerca del final de un ejercicio llega un mensaje urgente: “Alerta de intruso”. El otro submarino que participa en las maniobras ha detectado un posible intruso sumergido. La experiencia indica que podría ser desde un gran cetáceo hasta un posible submarino espía, algo nada extraño en ejercicios navales.

Por precaución, el ejercicio se suspende temporalmente durante ese noche mientras se investiga a fondo con los sónares de detección de submarinos. A la mañana siguiente todo está despejado y las maniobras pueden continuar.

DURMIENDO CON TORPEDOS
La mayor zona para dormir está en proa, en la cámara de torpedos, donde puede haber hasta más de 30 literas. Las más bajas están casi en el suelo y están pegadas a los tubos que guardan los torpedos, cargados de explosivo, y que son muy prácticos como estantería para colocar objetos personales.
Dormir no es fácil para los novicios: el agua que golpea contra el casco se oye perfectamente y, en las maniobras, los pitidos del sónar se repiten con un eco fuerte y constante. En superficie y con mala mar, la proa se agita.
Desde la central llegan con claridad las órdenes: “Rumbo Cero Seis Cinco”. En las literas de proa, los submarinistas veteranos están hechos a todo y duermen a pierna suelta. EFE

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